Mensaje del Santo Padre
Queridos hermanos:
Me hubiera gustado encontrarme con
ustedes con motivo de su
peregrinación jubilar y expresarles
personalmente, a ustedes, misioneros
de la misericordia, mi gratitud y mi
aliento.
Les doy las gracias, porque con su
servicio dan testimonio del rostro
paterno de Dios, infinitamente
grande en el amor, que llama a todos
a la conversión y nos renueva
siempre con su perdón. La conversión
y el perdón son las dos caricias con
las que el Señor enjuga cada lágrima
de nuestros ojos; son las manos con
las que la Iglesia nos abraza a
nosotros, pecadores; son los pies
sobre los que caminar en nuestra
peregrinación terrenal. Jesús, el
Salvador del mundo, nos abre el
camino que recorremos juntos,
siguiéndolo con la fuerza de su
Espíritu de paz.
Por lo tanto, los animo, en su
ministerio de confesores, a que sean
atentos al escuchar, prontos al
acoger y constantes al acompañar a
aquellos que desean renovar su vida
y volver al Señor. Con su
misericordia, de hecho, Dios nos
transforma interiormente, cambia
nuestro corazón: el perdón del Señor
es fuente de esperanza, porque
siempre podemos contar con Él, en
cualquier situación. ¡Dios se hizo
hombre para revelar al mundo que
nunca nos abandona!
Queridos, les deseo una
peregrinación llena de frutos.
Bendigo de corazón su apostolado,
pidiendo a María Inmaculada que vele
por ustedes como Madre de
misericordia. Y por favor, no se
olviden de rezar por mí.
Roma, Policlínico Gemelli, 19 de
marzo de 2025, solemnidad de San
José.